martes, 28 de diciembre de 2010

El cerebro, el verdadero órgano del amor, afirma investigador de la UNAM

El corazón, con poca intervención en el proceso de enamoramiento, asevera
CAROLINA GOMEZ MENA /I
Estudios científicos revelan que el centro de los sentimientos está en el cerebro FOTO Jesús Villaseca
El amor genera una "cascada de procesos fisiológicos", a partir de uno de los neurotransmisores que regulan los procesos emocionales llamado serotonina, cuya acción, en caso de enamoramiento, produce hiperactividad del sistema adrenérgico, aumento de las frecuencias cardiaca y respiratoria, sudoración y tensión muscular, dice en entrevista con La Jornada Alejandro Díaz Anzaldúa, profesor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y médico adscrito al Instituto Nacional de Psiquiatría de la Secretaría de Salud (Ssa). Pero también, agrega el experto, intervienen la noradrenalina y la dopamina, esta última responsable de que se presente "el empuje o la intención que participa en lo que en términos siquiátricos se conoce como volición, es decir, la voluntad de hacer las cosas", ambas sustancias pertenecen a la familia de las catecolaminas. Toda esta bioquímica interviene en los efectos del enamoramiento, el cual se define como "un conjunto de respuestas síquicas, emocionales y conductuales que se dan ante la expectativa de vínculo entre dos personas".
Los centros de las emociones y los sentimientos están en el cerebro, añade Díaz Anzaldúa, que es el órgano del amor. Este es capaz de liberar, por medio de su sistema límbico, (conformado por las amígdalas cerebrales, los hipocampos y el hipotálamo) los neurotransmisores que regulan los procesos emocionales.
No obstante, casi nadie le da al cerebro el crédito que merece, todo se lo lleva el corazón, aunque la ciencia desmiente el atributo popular que se le da a este músculo, que poco tiene que ver en el enamoramiento, salvo latir aceleradamente cuando el objeto amoroso está presente.
A su vez, Alberto López Díaz, jefe del Servicio de Psiquiatría Comunitaria del Hospital Fray Bernardino Alvarez de la Ssa, señala que el amor es una cualidad "básica y distintiva en el ser humano. Es algo innato. Sin amor, en cualquiera de sus variantes, la vida no tiene mucho sentido, y también podría afirmarse que es eterno, lo cual no quiere decir que sea estático, pues se modifica desde que nace hasta que muere; de su principio pasional y sexual, con los años se hace más espiritual y emocional".
De acuerdo con López Díaz, siquiatra y sicoterapeuta, no existe el amor sexual, porque "el amor es algo que antecede al sexo", pero subraya que éste es un "ingrediente" del enamoramiento, es como la cereza en el pastel, pues "ayuda a mantener el amor de pareja"
Sobre este tema, Paulina Millán Alvarez, investigadora del Instituto Mexicano de Sexualidad (Imesex), refirió que las relaciones sexuales vistas como un intercambio íntimo y no sólo como coito, "ayudan a mantener el amor, porque es una manera de comunicar sentimientos que a veces dicen más que las palabras", y destacó la importancia del beso como una demostración de afecto que fomenta el romanticismo, al grado que para muchas personas "un beso pasional o dado en un momento clave, puede expresar mucho más que el acto sexual".
La experta destacó que las relaciones sexuales más satisfactorias son aquellas que están vinculadas al amor. Diversos estudios han demostrado que "se tiende a recordar los encuentros íntimos que se han tenido con personas con las que se tuvo vínculos afectivos, y no precisamente con los más guapos(as)", y acotó que el desempeño sexual es tan importante en las parejas para mantener los vínculos amorosos, que cuando éste empieza a menguar sobrevienen los divorcios.
El lapso promedio de unión de las parejas en México, agrega Millán Alvarez, es de "7.5 años, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática", y destaca que esto confirmaría la teoría de que cuando sobreviene la debacle en las relaciones sexuales, también comienza el fin de las relaciones de pareja. "Hicimos un estudio sobre satisfacción sexual que nos arrojó que entre los seis y los ocho años de unión, las parejas pierden satisfacción sexual dramáticamente, lo que coincide con el promedio de tiempo de la vida en común".
En el ámbito de la atracción sexual intervienen decisivamente las feromonas (del griego pheran: transferir, y horman: excitar), las cuales actúan sólo en una misma especie y son sustancias químicas que afectan el comportamiento reproductivo de los animales, incluido el hombre. Estas actúan a distancia y su medio de excreción es el sudor; no obstante que no se puede percibir su olor, son captadas por el órgano vomeronasal que es una pequeña estructura situada cerca del tabique nasal, la cual se conecta mediante terminaciones nerviosas con el hipotálamo.
Las feromonas masculinas son la androsterona y el androsteril, y en las mujeres sólo está presente la feromona de la cópula; todas ellas son producidas por las glándulas apocrinas de la axila y de los alrededores de los genitales. Su característica femenina radica en que desatan el impulso sexual, incrementan la fertilidad, disminuyen los síntomas de la menopausia y regulan el ciclo menstrual.
Estas sustancias han sido estudiadas desde mediados del siglo pasado, y la primera en ser identificada, en 1956, fue la de la mariposa del gusano de seda, cuando se comprobó que este atrayente sexual es capaz de desplazar a más de un trillón de machos desde distancias enormes, a esta feromona se le nombró bombykol. Posteriormente se realizaron estudios para aislar la afrodisina en los hamsters y, más tarde, las feromonas de la especie humana.

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